4. LA ANTROPOLOGÍA CONTEMPORÁNEA. (DÉCIMO)

4. LA ANTROPOLOGÍA CONTEMPORÁNEA.

-LA REALIDAD PERSONAL

Tradicionalmente se ha distinguido entre ‘naturaleza’ y ‘persona’, sobre todo en el cristianismo antiguo, en las disputas trinitarias y cristológicas. La persona fue definida por Boecio en términos de ‘substancia’, como un tipo o modo de ‘naturaleza’: una “substancia individual de naturaleza racional”. Boecio recogió una larga tradición cristiana; pero, a la vez, significó un cierto retorno a planteamientos ‘naturalistas’ de la filosofía griega. Desde Tertuliano, pasando por Agustín y los Padres Griegos, hasta finales del siglo IV, el concepto cristiano de persona tuvo una larga y compleja evolución. El planteamiento cristiano del hombre en términos ‘personalistas’ significó, sin duda, un gran aporte para la cultura occidental. La teología orientó gran parte de su reflexión, sobre el tema de la persona, en función del problema cristológico de las dos naturalezas (humana y divina) y una sola persona en Cristo. Es la cristología tradicional la que ha influido decisivamente a lo largo de los siglos, al menos en los pensadores cristianos, en la reflexión sobre el tema de la persona humana, manteniendo la distinción entre ‘naturaleza’ y ‘persona’ en un mismo individuo humano, lo cual plantea complejas cuestiones.(Cf., Castillo S. Javier: La persona en Xavier Zubiri. Personeidad y Personalidad. Salamanca, UPSA, 2000).
En el concepto de persona humana debemos distinguir dos aspectos o dimensiones: una constitutiva y otra operativa. Según la primera, somos personas constitutivamente por el solo hecho de ser realidad humana inteligente, independientemente de lo que hagamos o dejemos de hacer en el decurso de nuestra vida, a esta dimensión apunta la definición de Boecio; pero, según la segunda dimensión, la persona no es algo estático sino que se va haciendo dinámicamente a lo largo de toda la vida, realizando nuestros actos, apropiándonos de posibilidades; este segundo sentido es muy cercano al concepto de “personalidad”, no en términos psicológicos sino metafísicos. Es fundamental distinguir entre estos dos sentidos del concepto de persona, a fin de evitar caer en equívocos. Se es siempre “el mismo” (dimensión constitutiva) pero no siempre “lo mismo” (personalidad).
Constitutivamente, como dice el filósofo español X. Zubiri, el hombre es la única realidad intramundana que es persona; por su inteligencia se auto-posee y es plenamente individual (indiviso en sí y dividido de todo lo demás), no forma parte de ningún todo, como es el caso de todas las otras realidades intramundanas que no son personas. El hombre, por su corporeidad, está anclado en el mundo, en ese sentido es parte también del mundo; pero, por su inteligencia, está a la vez “separado”, está “suelto” de ese mundo; por esto, el hombre es la única realidad intramundana que posee individualidad en sentido estricto. Si bien se puede distinguir entre “ser humano” (hombre) y persona; sin embargo, en el mundo, no puede haber ningún ser humano que no sea a la vez persona. Sólo Jesús, por ser persona divina, es el único ser humano que, teniendo naturaleza humana, no es persona humana, tal como nos lo enseña la teología. En este caso no hablaremos de la cuestión cristológica sino del hombre como persona humana.
Desde el momento de la concepción hay un comienzo de la vida humana, todo lo insipiente que se quiera, pero es vida humana en proceso de desarrollo, la cual, si no es impedida por ninguna causa, conllevará al nacimiento de un niño. En ese proceso del desarrollo intrauterino se pasa por varias fases (zigoto, embrión, feto). ¿En qué fase de ese desarrollo se le puede considerar ya formalmente persona? Es verdad que, quizá, no se pueda determinar un ‘momento preciso’, lo mismo sucede con la aparición del uso de razón (como modo de intelección). Sería absurdo pretender determinar el ‘día y la hora’ en que un niño adquiere el ‘uso de razón’; pero sí es posible establecer un margen en el cual se pasa de una etapa a otra. No se trata, como bien dice S. J. Castillo, de querer fijar el ‘momento preciso’ en que se adquiere la suficiencia constitucional para ser persona, pero sí es lícito averiguar en qué etapa del proceso del desarrollo embrionario se puede ya considerar, fundadamente, que hay una suficiencia constitucional. En el campo de la genética y de la embriología no hay actualmente ninguna doctrina standard; las opiniones de los científicos están muy divididas, por ello, hay que ser cautelosos para no tomar por ‘definitivos’ algunos datos o lo que son sólo teorías explicativas. Es necesario, también, no mezclar las cuestiones éticas con los datos descriptivos de la ciencia; una cosa es el dato ‘estrictamente científico’ y otra la valoración ética que se quiera hacer de ese dato. Consideramos fuera de toda discusión que la vida humana debe respetarse desde el momento mismo de la concepción hasta su término natural.
No se trata de que el embrión sea ya formalmente un hombre, o que sea una persona meramente en potencia. Esa ‘realidad’ embrionaria tiene la capacidad estructural y existencial para llegar a ser formalmente persona y que empezó a ser en el momento de la concepción.  La valoración del embrión tiene que hacerse no sólo por lo que ‘actualmente’ es sino por lo que está llamado a ser: realidad personal. El embrión humano, incluso el zigoto, tiene ya una cierta ‘autonomía’, una ‘individualidad inicial’ (la individualidad del genoma); no es una ‘parte’ de la sustantividad materna. El embrión en su etapa inicial no es, ciertamente, un hombre en miniatura; pero, tampoco  es un mero ‘campo de fuerzas’, o una parte del cuerpo de la mujer.
El embrión humano, dice S.J. Castillo, no es una realidad puramente biológica, como cualquier otra realidad biológica; es la expresión del valor supremo de la vida humana, vida que comienza desde la concepción. No se puede dejar de tener obligaciones éticas para con esas “realidades humanas”, aún cuando no se las considere  formalmente personas. Las obligaciones éticas no serán las mismas para con los zigotos que para con los embriones, o para con los fetos; pero, sin un respeto por la vida humana, en todas sus formas, difícilmente se puede sustentar otro tipo de valores éticos. 
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- EL HOMBRE COMO SER TOTAL

Según definición de La Real Academia Española (RAE) pluridimensional significa: Que tiene varias dimensiones o aspectos.
En internet se pueden encontrar definiciones de lo que es el hombre pluridimensional basados en la siguiente pregunta ¿Es el hombre una máquina construida con materiales biológicos? ¿O es poseedor de un aliento divino, a imagen de Dios, capaz de programar su propio cerebro?
“El hombre es un ser pluridimensional porque es un ser con cuerpo, alma, ubicado en el tiempo y en el espacio, un ser individual y colectivo; capaz de transformar la realidad para su bienestar y para proyectarse en una comunidad. Con múltiples potencialidades, capaz de apropiarse del conocimiento, la ciencia, la naturaleza, el universo”.  El ser humano Pluridimensional. (¿Por Qué Lo Llamamos “Ser Humano Pluridimensional”?, septiembre 2010
“Es por eso que el hombre lleva a convertir esto en teorías y de allí nacen las ciencias, es por eso que en este espacio se derivara todo aquello relacionado, con el hombre como un ser pluridimensional”.  El hombre: un ser pluridimensional (El hombre: un ser pluridimensional. 2009)
Diferentes sitios hacen también alusión al hombre pluridimensional según la teosofía y que según ésta el hombre está constituido por siete (7) dimensiones:
  1. Físico (mineral), El cuerpo físico es materia
  2. Etérico (vegetal), el etérico, vida
  3. Astral (animal), el astral, conciencia
  4. Mental (hombre), el mental, memoria
  5. Causal (sabio), el causal, pensamiento
  6. Búdico (iniciado) el búdico, contemplación
  7. Átmico (dios) identificación con la Divinidad
Tomando como referencia la definición de la RAE, hay que mirar al ser humano como una unidad de cuerpo, alma y espíritu, es imposible que exista dualidad o tripartición,  por naturaleza somos biológicamente, psicológicamente, socialmente y espiritualmente un solo ser que tiene varias dimensiones o aspectos, no creo que podamos enumerar todas y cada una de las porciones o facetas que abarcan el ser humano, de modo que  somos un ser total y pluridimensional al mismo tiempo. Si le quitamos el alma al cuerpo dejamos de ser seres humanos,  voy a tomar comor ejemplo el café con leche: puedo tomar café negro o puedo tomar leche pero tienen que estar juntos para poder tomar café con leche. El café existe y la leche también, pero el café con leche no existe si estos no se juntan.
En base a lo anterior puedo decir que el ser humano es un ser total, una unidad integral de cuerpo, alma y espíritu y es pluridimensional porque tiene diversas características, todo lo que pueda afectar a cualquiera de sus facetas positiva o negativamente va a afectar sin duda a todas las otras, estas facetas o aspectos propias del ser humano no son autónomas sino que actúan en constante concordancia, y es que no puede haber división en el hombre. La persona es una unidad de todas las dimensiones.
El hombre debería ser reconocido como un ser biopsicosocial-espiritual y cada una de sus dimensiones deben ser atendidas, observadas y cultivadas de manera plena, armoniosa y absoluta.

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